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.Hace exactamente veinte años, el 4 de octubre de 1957, anunciaba el gobierno de Moscú la entrada en órbita del primer «Sputnik».Días después, una personalidad española en el campo de la investigación tecnológica lanzaba, privadamente, aquel histórico hecho, como refutación indiscutible, contra quienes afirmaban que sin libertad individual no puede haber ciencia original ni tecnología avanzada.En aquellas circunstancias no era cosa de aceptar la discusión.Mejor dejarle al tiempo la respuesta: que, efectivamente, la ha dado, y bien cumplida.Por aquella época empezaba a declinar en Rusia la gloria de Lyssenko.El 7 de agosto de 1948, la Academia de Ciencias Agrícolas de la URSS había anunciado el nacimiento de una ciencia nueva: una biología contraria a la genética, «enemiga de ésta e irreconciliable con ella».Era el triunfo absoluto de su promotor, el agrónomo Trofim D.Lyssenko, que cuatro años más tarde entraba en desgracia y, tras varias alternativas, se veía forzado a pedir el retiro en 1965, por causa de los repetidos fracasos de la agricultura rusa, al caer Jrushov del poder.La gran figura rusa de la genética, N.I.Vavilov, había sido detenido en 1940 —otros genetistas lo habían sido antes— y moría poco después en la deportación.Lyssenko atacaba el carácter «idealista», «burgués» de la genética, por pretender ésta la «fatalidad» de los fenómenos hereditarios.Los comunistas franceses, en la importante polémica que provocaron alrededor del «caso Lyssenko», ampliaron el ataque y decidieron la existencia de dos ciencias: «una ciencia burguesa y una ciencia proletaria fundamentalmente contradictorias»[3].A partir de aquella sesión de la Academia, en agosto de 1948, quedaba prohibida en Rusia toda enseñanza y toda investigación sobre genética, prohibición que duró más de quince años.Hoy el gobierno ruso sigue importando enormes cantidades de cereales de los países que desarrollaron la genética clásica.Jacques Monod, en su prefacio a la traducción francesa del libro de J.Medvedev sobre Lyssenko, sintetiza en una breve frase[4] el fondo de la cuestión: «El argumento esencial (el único, en definitiva), incansablemente repetido por Lyssenko y sus partidarios contra la genética clásica, era su incompatibilidad con el materialismo dialéctico».Monod, con característica superficialidad, señala al régimen ruso como culpable.La protección oficial a Lyssenko se debería a «la mortal decadencia en que ha caído en la URSS el pensamiento socialista.No se ve modo posible de escapar a esta conclusión, por dolorosa que sea para todo el que, durante mucho tiempo, ha puesto toda su esperanza en el advenimiento del socialismo en Rusia como primera etapa de su triunfo en el mundo»[5].Louis Althusser[6] denuncia, más aún que la «larga, escandalosa y dramática… aventura lyssenkista», el silencio absoluto de los soviéticos y de todos los comunistas de fuera de Rusia.«L'histoire Lyssenko est terminée.L'histoire des causes du lyssenkisme continue.Histoire terminée.Histoire interminable?» Porque los partidos comunistas, dice Althusser, «a quienes Marx ha dotado, por primera vez en todos los tiempos, de medios científicos para comprender la historia…, parecen impotentes para justificar con criterios marxistas su propia historia; sobre todo los errores».También para Althusser la culpa es, pues, de los comunistas y no de Marx.Se dirá que todo esto es agua pasada, pero hay que tener cuidado.No se debe olvidar que si el avance de la ciencia requiere libertad intelectual frente a cualquier ideología, también exige libertad personal frente al poder burocrático.Y que el uso de la ideología como coerción sigue siendo una de las mejores armas para perpetuar el imperio de una burocracia.(Lo cual no significa, necesariamente, una interpretación materialista de la historia.)El profesor Hayek insiste repetidamente en qué libertad económica, o economía de mercado libre, no quiere decir laissez faire o inhibición del Estado.El sistema económico español no es, evidentemente, un régimen de laissez faire, pero tampoco es un sistema de mercado libre.Es un régimen de intervencionismo generalizado, pero en la dirección errónea, esto es, en la que acaba por hacer imposible la libertad de mercado, la libertad de empresa y la libertad del individuo.El número de precios intervenidos de una forma u otra —aunque siempre de modo arbitrario cuando es por decisión del Estado, o con miras al abuso particular cuando se trata de los numerosos mercados privados oligopolistas— es incontable.El único precio importante relativamente libre es el del cambio exterior, y fue así establecido en su día por imposición de organismos internacionales y la forzosa necesidad del gobierno español de aceptar sus condiciones.Las cortapisas administrativas de todo orden contra la libre decisión económica de los individuos se acerca a las situaciones anteriores a Adam Smith contra las que levantó su inmortal Riqueza de las Naciones.La libertad para elegir personalmente el puesto de trabajo y —lo que no es menos importante— para cambiar de oficio o profesión está prácticamente cortada por la existencia de innumerables grupos exentos de competencia (en los dos sentidos españoles de este término).La burocracia es comparable en ineficacia con la de los países socialistas.En estas condiciones, hablar de la española como de una economía de libre empresa y mercado es un puro absurdo.Es frecuente, y muchas veces está justificado, culpar a los economistas de proponer medidas de imposible aplicación.Es indudable que desmontar en España el intervencionismo económico actual y erigir un sistema de regulaciones que proteja el funcionamiento de un régimen de libre competencia exigiría un plazo muy largo.Pero difícilmente se prepararía el camino para conseguirlo alguna vez si tanto los partidarios como los enemigos del sistema capitalista creen sinceramente que éste es el que hoy rige en España.J.V.D.Madrid, octubre de 1977.A los socialistas de todos los partidosEs raro que una libertad, cualquiera que sea, se pierda de una vez [ Pobierz całość w formacie PDF ]