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.Cogió las cajas de color de plata más pequeñas y las tiró contra el suelo.Las de mayor tamaño eran demasiado pesadas para que pudiera levantarlas, pero podía arrastrarlas por encima de la mesa y hacerlas caer.Las hizo caer.Ni siquiera se abollaron.En una de las paredes había una cuadrícula de artesonado.El hombre apoyó el rifle contra la pared y apretó con ambas manos.Nada.Luego recorrió el artesonado con las puntas de los dedos, buscando algún botón o algún resorte oculto.Si había alguno, no consiguió encontrarlo.Finalmente, exhausto y furioso, se quedó de pie en el centro de la camareta.Empuñó su rifle, dispuesto a disparar a la menor señal de peligro.Seguía allí, en pie, tenso y asustado, cuando cesaron las vibraciones, cinco minutos más tarde.El silencio era absoluto, exceptuando el sonido de su propia respiración.Esto le impresionó aún más.Sus piernas empezaron a temblar, sin que pudiera dominarlas.Se acercó de nuevo a la silla-sillón y se sentó.Esperó.Sus ojos estaban clavados en la puerta, la única entrada posible, cuando empezó a moverse hacia dentro, lentamente.El nombre volvió a temblar, pero apuntó su rifle en dirección a la puerta y murmuró con voz ronca:—De acuerdo, entre, pero levante las manos por encima de su cabeza.Se tildó a sí mismo de estúpido mientras pronunciaba aquellas palabras.Pero su aturdimiento subió de punto cuando la puerta se hubo abierto del todo sin que apareciera nadie.El hombre se puso en pie y se dirigió cautelosamente hacia el umbral.Asomó la cabeza, pulgada a pulgada, y miró arriba y abajo del pasillo.Nadie.Nada.Ni un ruido.Con el rifle en la mano, dio unos cuantos pasos hacia la derecha.El pasillo se extendía delante de él.Luego recorrió a la inversa el camino que le había conducido a la camareta.La escotilla a través de la cual se había introducido en la nave, estaba cerrada.No le sorprendió, desde luego, pero quiso convencerse.Subió de nuevo por el pasillo en espiral.La puerta de la camareta aparecía cerrada.La empujó con el hombro.no logró abrirla.El hombre avanzó por el largo pasillo, tratando de no hacer ruido.Pero sus pesadas botas crujían a cada paso que daba y, en el profundo silencio, aquellos crujidos resultaban ensordecedores.al menos para él.En consecuencia, renunció a toda precaución y empezó a andar con paso decidido.Esto pareció devolverle toda su presencia de ánimo, y cuando llegó al final del pasillo y encontró otra puerta, la empujó sin vacilar.La puerta se abrió.El ser estaba recostado en una silla-sillón.Una de las cajas de plata estaba en el suelo, cerca de él.Una especie de tubo ascendía desde la caja hasta el rostro del ser, el cual parecía estar alimentándose.El hombre y el ser se contemplaron uno a otro en silencio.El hombre no hizo ningún movimiento con su rifle.El ser continuó alimentándose.Lo que el hombre estaba viendo era una casi-persona.Tenía una cabeza, un cuerpo, cuatro extremidades.Nada permitía adivinar si andaba sobre las cuatro, o sobre las dos posteriores.Ninguna de las extremidades estaba calzada, y manos y pies se confundían.El ser habló.Su charla era una especie de ulular en tono menor, que no le impedía seguir alimentándose.Lo que el ser le estaba diciendo al hombre, sin preámbulo ni acogida de ninguna clase, era que se había dado cuenta muy pronto, después de despegar, de que la nave tenía un polizón.El hombre no comprendió una sola palabra.El ser conjeturó lo que estaba ocurriendo y lamentó la imposibilidad de establecer comunicación entre ellos, pero continuó hablando como para demostrar que sus sentimientos eran amistosos.—Desgraciadamente —dijo el ser, mirando al hombre con ojos afectados como un diamante—, ahora no puedo regresar.Tengo trazado un plan de vuelo, y no puedo apartarme de él.Hizo una pausa como si esperase una respuesta, pero el hombre no dijo nada.El ser no hizo ningún movimiento, excepto para flexionar sus dedos lentamente.—Mi patrulla me recogerá pasado el sistema solar —continuó diciendo el ser—, y usted tendrá que venir conmigo.Mi próximo viaje tendrá lugar dentro de dos años [ Pobierz całość w formacie PDF ]